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Como mirar en un álbum de hace diez años, habiendo sido ayer.

La maquinaria se puso a funcionar y de repente el reloj empezó a marcar las horas al como segundos, consiguiendo que fuera la rapidez lo que ralentizara el ritmo de las cosas. Como en un documental del National Gegraphic en el que ves como una planta, nace y muere en un minuto escaso. Tan rápido y tan despacio, en realidad.
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KEEP DOING IT.


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Noches en blanco.

_ ¿Conoces la sensación de cuando piensas tantas cosas a la vez, que te quedas en blanco?
_ Sí... ¿te está ocurriendo?
_ Eso creo.
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It could be but...

Podría haber sido pero no fue. El posponer las cosas para mañana o guardarlas bajo llave por miedo a las consecuencias. Hay sentimientos como la culpa y la vergüenza que son dados por la sociedad, es decir, que en un mundo en el que no tuvieras que rendir cuentas a nadie, no nos sentiríamos culpables o avergonzados y es aquí donde el obillo empieza a enredarse, el comienzo y el final se confunden y ya no sabes distinguir entre lo que quieres o los demás esperan de ti. Pero no hay razón para parar, porque esta vez no va de ti, sino de ellos. Y las pausas no están permitidas, ya que la excusa de detenerse para repostar no sirve si el depósito va lleno.
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Circus life.

Dar a alguien el poder para destrozarte y confiar en que no lo hará. Esa frase lo es todo. Es lo que hacemos una y otra vez, como si fueramos funambulistas en la cuerda floja. Esperando no caer nunca. Esperando que la red que nos salva de una caída sin retorno no desaparezca jamás.
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Querer o no querer, esa es la cuestión.

Existe una confusión enorme entre dos supuestos. Querer o querer querer. A simple vista, las diferencias son imperceptibles, pero si seguimos hurgando encontramos que al querer todo es fácil como la seda, no te lo planteas, simplemente ocurre, mientras que al querer querer no es fácil, no va como la seda, te planteas una y otra vez las cosas y no llegas a ello por arte de magia sino tras una exhaustiva búsqueda y el replanteamiento de los pros y contras.
Sin embargo, a veces el querer llega porque querías querer y ahí es cuando se masca la catástrofe, ya que te agarras a ello como a un clavo ardiendo porque tienes lo bueno de lo primero (querer) y habiendo querido que sucediera, querías querer.
Hacer un parón en estas cosas del corazón (más de la cabeza, a veces) vendría fenomenal, pero a ver quien le dice al maquinista que pare cuando el tren va con retraso.
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Sin querer y con paso firme

Hay un momento en el que sin querer te das cuenta de que el sol ha salido tras la tormenta, porque empieza a picarte la piel. Estás empezando a quemarte y ni te habías enterado. Que bonito. Mirar al sol con los ojos cerrados pero observándolo más que nunca, saludándole como jamás lo hiciste, porque el no haberte dado cuenta de lo bien que estás es en realidad una buena señal, señal de que hacía tiempo que no pensabas en ello. Ni en nada.
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La fórmula de la suerte.

El otro día iba de camino a un centro comercial mientras oía la radio, cuando algo de lo que dijeron captó mi atención y me hizo escuchar atentamente. ' El gen de la suerte' - decía el interlocutor. Y es que al parecer unos científicos han descubierto el gen responsable de que el trébol tenga cuatro hojas. No lo han descubierto directamente en el trébol pero si en un pariente suyo, muy cercano, al parecer, ya que les ha hecho pensar que podría ser el mismo.
La suerte material es en realidad una tara genética. 'Imagínense teniendo plantaciones de tréboles de cuatro hojas' - exclamó el interlocutor excitado.
Imagínense teniendo en su poder la suerte pura, digo yo. ¿A qué le echaremos la culpa de nuestras desgracias? Tréboles de tres hojas... veo vuestro fin muy cerca.
Y si la suerte no es la responsable, seremos nosotros los únicos culpables.
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Gustavo