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Egovidades

Fervientemente creo que las mejores ideas deberían enviarse a paraísos fiscales donde villanos y malos malísimos comparten caja fuerte con Superman y Los Cuatro Fantásticos. Hay que moverlas, como todo patrimonio, de Suiza a Holanda y de vuelta a Cancún. Dicen que el movimiento hace que aumenten los beneficios y sin duda alguna, mis ideas -barra- pensamientos están en alza.
Las egovidades podrán aplicarse a cualquier estación del año.
En caso de duda consulte con su almohada.
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KEEP DOING IT.


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Ella.

Pocas personas sabían lo feliz que la hacía escuchar esa canción y por eso decidió contárselo a él, a la razón. Contarle lo feliz que la hizo y y lo muy agradecida que estaba. Y así consiguió apaciguar su frustración, la sensación de que otra vez y como siempre, aquello acabaría. Y es que o don o cruz, ella sabía acabar con esos momentos de felicidad, quizás porque los prefería como recuerdos latentes a historias fantasmas. Quizás. O porque se conocía demasiado bien, prefería acabar con ellos ante de que se convirtieran en tristeza, para poder archivarlos en el cajón de las sonrisas. Y fue entonces cuando se acordó de Antonio y la sonrisa fue recorrida por una lágrima, pero esta vez era dulce.
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Noches en blanco.

_ ¿Conoces la sensación de cuando piensas tantas cosas a la vez, que te quedas en blanco?
_ Sí... ¿te está ocurriendo?
_ Eso creo.
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It could be but...

Podría haber sido pero no fue. El posponer las cosas para mañana o guardarlas bajo llave por miedo a las consecuencias. Hay sentimientos como la culpa y la vergüenza que son dados por la sociedad, es decir, que en un mundo en el que no tuvieras que rendir cuentas a nadie, no nos sentiríamos culpables o avergonzados y es aquí donde el obillo empieza a enredarse, el comienzo y el final se confunden y ya no sabes distinguir entre lo que quieres o los demás esperan de ti. Pero no hay razón para parar, porque esta vez no va de ti, sino de ellos. Y las pausas no están permitidas, ya que la excusa de detenerse para repostar no sirve si el depósito va lleno.
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La lista.

Hoy he visto un programa en la MTV acerca de un grupo de amigos que hacen una lista de cosas por hacer antes de morir, para llevar acabo juntos. Las dos emitidas este mediodía eran: hacer puenting y dormir en una casa encantada (la de las caras de Bélmez). Pues bien, yo no tengo una lista de la que ir tachando, pero si tengo claras las cosas que tengo que hacer antes de morir. Como no me puedo basar en el supuesto de: 'y si hoy fuera tu último día de vida, ¿qué harías?' voy a tomármelo con calma, pero voy a ir haciendo las cosas que no hice por miedo a. Un estado de comodidad por el que te permites quejarte de las cosas no hechas, pero no hacer nada por remediarlo.
Por el momento llevo varios sueños cumplidos, sí lo llamaremos sueños, pero sé que voy a realizar muchos más, como por ejemplo: ir a Salzsburgo a tocar la nieve de los Alpes. Y... bañarme desnuda en una piscina privada, de alguien desconocido.
Bailar bajo la lluvia lo tengo bajo control.
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BACK

Que vuelva así de repente, que te haga sentir un poco más cerca de lo que fuiste y de lo que amaste. De ese tú creado de la nada y en el que tanto esfuerzo invertiste. Y que además quieras contarlo.
Está bien. Aunque las personas suframos cambios enormes, aunque seamos muchas (people) en una, siempre hay algo dentro de donde sale lo demás, yo diría que es como una bola de nieve que va creciendo con el roce de más nieve y con más nieve, más grande la bola. Pues eso... un día esa bola tropieza contra una piedra, (ya que bajaba a gran velocidad por una cuesta infernal) grande y dura que hace que la masa creada por nieve+nieve+nieve... BOOM! se despedace. Vuelve a ser un puñado insignificante que a medida que baje la montaña irá creciendo.
Yo lo entiendo. Y por ahora eso es suficiente.
No por haber chocado contra una piedra, no por haber bajado demasiado deprisa la pendiente... tan deprisa como para no poder esquivar los obstáculos, no por eso voy a dejar de rodar, de seguir creciendo con todo aquello que me haga aprender. La montaña es muuuuy grande, sí. La pendiente cada vez es más vertical, sí. Pero creo que voy aprendiendo a ponerme a rodar, cada vez más rápido.
brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrmmmmmmmmmmmmmm, vueltas otra vez.